En primer lugar quiero felicitar a todo el mundo el nuevo año, y espero que este sea mejor y traiga mejores cosas.
Que hayais descansado estas fiestas y que os hayan regalado muchas cosas.
Empiezo el año y el nuevo curso con este libro que me llamó la atención de la Biblioteca MiralTormes que se encuentra al lado de mi casa.
Feliz 2016!!!
La visita
Dejé el hilo fuera.
Para sentir el peso. Para sospesar. Las losas agrietadas, el bermellón ajado de la tapicería,
presencias. Puse en su sitio la mesa.
Me senté con los muertos. Fue una tarde apacible.
Al salir, entendí que el pretérito ha de usarse tan solo en el umbral del sueño.
Ahora, el hilo. La casa, una de ellas, a salvo, mientras tanto.
La poesía es un género muy adecuado para quedarse solo ante uno mismo con un grado de intimidad conflictivo, delante de un espejo. Felipe Benítez Reyes.
Bienvenidos...
Centro del mirar es un blog de poesía dedicado a fans del arte de la poesía y cuya motivación de paso a los más creativos.
Podéis mandar vuestras críticas o comentarios a:
umiko_sora@hotmail.com
Gracias.
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martes, 12 de enero de 2016
viernes, 27 de noviembre de 2015
Agustín Fernandez Mallo. Poesía reunida 1998-2012
Cogi este libro en la casa de las conchas y degustando un poco el libro descubrí poemas como estos:
Iba sin mapa, y en un pueblo me vi atrapado en un entierro. No entendí el rito, ni quise; la muerte no me interesa (aunque sé que se ritualiza la muerte para hablar en profundidad de la vida). Recordé las pocas veces que enterré a un ser querido: la neutra expectación que te paraliza. Wittgenstein le grita a Turing en un aula de Cambridge: ¡la contradicción no te conduce a ninguna solución equivocada porque no te deja caminar, la contradicción te paraliza! Iba sin mapa, una brisa de elementales acordes, los papeles de helados regatean entre las piernas del cortejo.
La primera vez que sentí dificultades al respirar fue en el Museo Van Gogh, Amsterdam, Los girasoles,el rectángulo que te sobrepasa. Colgaban vivos, lobulos y bronquios de un pulmón ocre amarillo, hurtaban el aire que me correspondía (al nacer se nos asigna un cupo). Desde niño tuve la fotografía de ese cuadro en el salón de mi casa. Ahora, en la radiografía, dibujo a rotulador las regiones dañadas, les pinto girasoles.
La noche tirita, se retrasa el mar, el azar conduce las ramas de los árboles. Poulos expulsa el humo con un soplido seco, el glup al verter la botella, la transparencia en las bragas de Janet, un murciélago dibuja sobre un tejado un teorema. El quid de la cuestión, me dice, es retraerse a tiempo de las propias huellas, alejarse, oirlas latir desde lejos. Yo dejé atrás un idioma y un país que sale naranja en los mapas, lo arrugué con la mano y ahora anda por ahí rodando, sin hacer ruido golpea los cristales, como los golpea la sombra. El pubis de Janet.
Te despertabas y te sentabas, desnuda al borde de la cama. Un beso en la espalda. Eramos tan iguales que no lo sentías. No se que perversión posmoderna me permite, al llegar al hotel, poner un disco de Tom Waits y hojear una bibliografía en blanco y negro de Balenciga antes de iniciar estas líneas que todo lo igualan. Debería estar prohibido.
Iba sin mapa, y en un pueblo me vi atrapado en un entierro. No entendí el rito, ni quise; la muerte no me interesa (aunque sé que se ritualiza la muerte para hablar en profundidad de la vida). Recordé las pocas veces que enterré a un ser querido: la neutra expectación que te paraliza. Wittgenstein le grita a Turing en un aula de Cambridge: ¡la contradicción no te conduce a ninguna solución equivocada porque no te deja caminar, la contradicción te paraliza! Iba sin mapa, una brisa de elementales acordes, los papeles de helados regatean entre las piernas del cortejo.
La primera vez que sentí dificultades al respirar fue en el Museo Van Gogh, Amsterdam, Los girasoles,el rectángulo que te sobrepasa. Colgaban vivos, lobulos y bronquios de un pulmón ocre amarillo, hurtaban el aire que me correspondía (al nacer se nos asigna un cupo). Desde niño tuve la fotografía de ese cuadro en el salón de mi casa. Ahora, en la radiografía, dibujo a rotulador las regiones dañadas, les pinto girasoles.
La noche tirita, se retrasa el mar, el azar conduce las ramas de los árboles. Poulos expulsa el humo con un soplido seco, el glup al verter la botella, la transparencia en las bragas de Janet, un murciélago dibuja sobre un tejado un teorema. El quid de la cuestión, me dice, es retraerse a tiempo de las propias huellas, alejarse, oirlas latir desde lejos. Yo dejé atrás un idioma y un país que sale naranja en los mapas, lo arrugué con la mano y ahora anda por ahí rodando, sin hacer ruido golpea los cristales, como los golpea la sombra. El pubis de Janet.
Te despertabas y te sentabas, desnuda al borde de la cama. Un beso en la espalda. Eramos tan iguales que no lo sentías. No se que perversión posmoderna me permite, al llegar al hotel, poner un disco de Tom Waits y hojear una bibliografía en blanco y negro de Balenciga antes de iniciar estas líneas que todo lo igualan. Debería estar prohibido.
jueves, 29 de octubre de 2015
Viento del pueblo. Miguel Hernández
Un poeta de los míos, de esos que dices: hostia como se parece lo que piensa a lo que escribo yo.
Impresionante la verdad.
Degustarlo es una joya.
ACEITUNEROS
Andaluces de Jaén.
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.
Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa del cimiento.
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?
Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.
No la de la terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que solo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién de quién son estos olivos?
Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser exclava
con todos tus olivares.
Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.
Impresionante la verdad.
Degustarlo es una joya.
ACEITUNEROS
Andaluces de Jaén.
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.
Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa del cimiento.
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?
Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.
No la de la terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que solo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién de quién son estos olivos?
Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser exclava
con todos tus olivares.
Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.
sábado, 10 de octubre de 2015
Cementerio marino. Paul Valery
Este libro que encontré por la biblioteca, del año 1922, ya tiene años, refleja un poco los poemas de la época y en base son textos profundos, pero llenos de sentimientos y algo rencorosos.
A mi juicio fascinante, degustar estos textos.
XI
¡Salve, divinidades por la rosa y la sal!
Seréis de la luz joven el juguete primero,
¡Islas!... Pronto colmenas, cuando el sol mañanero
haga que en vuestra roca, islas ya presentidas,
pujantes paraísos reclamen nuevas vidas.
Cimas que en el sol fecunda y la luz no intimida,
selvas resonadoras de ideas y de vida
caliente de animales y felices criaturas.
¡Islas!... Entre un rumor de marinas criaturas
madres vírgenes siempre, a pesar de esas marcas,
sois como arrodilladas, maravillosas Parcas:
nada iguala a las flores que regaláis al mundo,
pero os tiemblan de frío los pies en lo profundo.
A mi juicio fascinante, degustar estos textos.
XI
¡Salve, divinidades por la rosa y la sal!
Seréis de la luz joven el juguete primero,
¡Islas!... Pronto colmenas, cuando el sol mañanero
haga que en vuestra roca, islas ya presentidas,
pujantes paraísos reclamen nuevas vidas.
Cimas que en el sol fecunda y la luz no intimida,
selvas resonadoras de ideas y de vida
caliente de animales y felices criaturas.
¡Islas!... Entre un rumor de marinas criaturas
madres vírgenes siempre, a pesar de esas marcas,
sois como arrodilladas, maravillosas Parcas:
nada iguala a las flores que regaláis al mundo,
pero os tiemblan de frío los pies en lo profundo.
viernes, 4 de septiembre de 2015
Prisma de huellas, Ängela Mancebo Hoyos
Empieza Septiembre termina el verano, el calor, las risas, las sardinas, los paseos junto al mar, el vino blanco, el marisco, mi paso por Cabo de Gata, las pitas...
De nuevo desde Salamanca, actualizo, comienzo esta nueva etapa en el blog con un libro que encontré en la biblio y me gustó, y que dejo con un poema hacia el abuelo, aquel que siempre quise y nunca tuve, ese abuelo.
del abuelo 1
Recuerdo que entonces
mi abuelo soñaba
con verme a su lado
y tenderme alas.
Me colmaba de besos,
reía con ganas
su alegría era
frescor de cascada.
Y yo, presurosa
mesaba su barba
mientras le decía
¡Ya aprendí la tabla!
Por la calle abajo
luego me marchaba
con blandura y gozo
de niña mimada.
¡ No corras,
no corras!
¿Volverás mañana?
De nuevo desde Salamanca, actualizo, comienzo esta nueva etapa en el blog con un libro que encontré en la biblio y me gustó, y que dejo con un poema hacia el abuelo, aquel que siempre quise y nunca tuve, ese abuelo.
del abuelo 1
Recuerdo que entonces
mi abuelo soñaba
con verme a su lado
y tenderme alas.
Me colmaba de besos,
reía con ganas
su alegría era
frescor de cascada.
Y yo, presurosa
mesaba su barba
mientras le decía
¡Ya aprendí la tabla!
Por la calle abajo
luego me marchaba
con blandura y gozo
de niña mimada.
¡ No corras,
no corras!
¿Volverás mañana?
viernes, 31 de julio de 2015
Aforismos sobre el amor
Un pequeño pero fantástico librito que he conseguido esta semana en la librería Victor Jara, aquí en Salamanca, que habla del amor, son pequeños dichos de grandes poetas, y personajes importantes que hablan del amor.
Un compañero del taller lo comentó que era un libro fantástico, y la verdad, no pude resistirme.
Os dejo ante mi cierre del blog temporal por vacaciones al mar, con un poema que viene dentro del librito, y, que con muchos de ellos me siento identificada.
Si has de amarme que sea solamente
Si has de amarme que sea solamente
por el placer del amor. Nunca digas la amo por su sonrisa, la mirada, el modo de hablar, por el modo de pensar que tan bien se ajusta al mío, y porque un día supo darme consuelo.
Porque estas cosas, Amado mío, pueden cambiar, o cambiar para ti, y tal amor puede naufragar. Y no ames por compasión con que secas mis mejillas.
Una criatura puede olvidar el llanto si fue mucho tiempo tu consuelo, y perder así tu amor.
Amame solo por amor, para que puedas amarme eternamente
Elisabeth Barret Browning
Un compañero del taller lo comentó que era un libro fantástico, y la verdad, no pude resistirme.
Os dejo ante mi cierre del blog temporal por vacaciones al mar, con un poema que viene dentro del librito, y, que con muchos de ellos me siento identificada.
Si has de amarme que sea solamente
Si has de amarme que sea solamente
por el placer del amor. Nunca digas la amo por su sonrisa, la mirada, el modo de hablar, por el modo de pensar que tan bien se ajusta al mío, y porque un día supo darme consuelo.
Porque estas cosas, Amado mío, pueden cambiar, o cambiar para ti, y tal amor puede naufragar. Y no ames por compasión con que secas mis mejillas.
Una criatura puede olvidar el llanto si fue mucho tiempo tu consuelo, y perder así tu amor.
Amame solo por amor, para que puedas amarme eternamente
Elisabeth Barret Browning
sábado, 4 de julio de 2015
El cielo de las libélulas. Juan Carlos López Pinto
Estaba buscando un buen libro que me dejara un buen sabor de boca después de leer unos cuantos y actualizar el blog, y este me ha convencido, es de un poeta salmantino. Como véis leo hasta los de mi ciudad. Lleno de imágenes en cada página que tienen que ver con el poema escrito. Yo ya entré en periodo vacacional, así que las oposiciones las dejaré un poco de lado, que me sigan saliendo trabajitos temporales. Y espero que el Taller de Escritura se anime a publicar un libro con poemas nuestros personales, me haría mucha ilusión, aquí sigo retocando algunos textos que mandaré a Raúl para que me los ponga en el blog del Taller, de las tareas.
Los poetas siempre tachamos no estamos de acuerdo, borramos...
Hay días que debieran volar contigo
Quiero ser aire
Allí donde el aire abriga
Soñar contigo.
Siempre serás
el fruto prohibido.
Preludio de luz
Dejaré lo que nos duele
enterrado en la nieve.
Cerraré definitivamente el jardín del olvido
Y abriré su cancela al sol de invierno,
Para que la memoria de la tristeza
Se disipe en la escarcha de la hierba
Y se vaya con la niebla
Cuando madure la luz de la mañana.
Dejaré lo que nos duele
En la espuma de las olas,
Hasta que en la orilla
Seamos agua que avanza al silencio.
Y ya en la extraña del viento y arena
Fingir que no existimos.
Los poetas siempre tachamos no estamos de acuerdo, borramos...
Hay días que debieran volar contigo
Quiero ser aire
Allí donde el aire abriga
Soñar contigo.
Siempre serás
el fruto prohibido.
Preludio de luz
Dejaré lo que nos duele
enterrado en la nieve.
Cerraré definitivamente el jardín del olvido
Y abriré su cancela al sol de invierno,
Para que la memoria de la tristeza
Se disipe en la escarcha de la hierba
Y se vaya con la niebla
Cuando madure la luz de la mañana.
Dejaré lo que nos duele
En la espuma de las olas,
Hasta que en la orilla
Seamos agua que avanza al silencio.
Y ya en la extraña del viento y arena
Fingir que no existimos.
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