Dejé sobre la mesa un libro abierto,
boca abajo sus letras, a resguardo de mi alma.
Cuando volví me pareció el tejado
de una pagota china. En la casa de enfrente
también contra el tejado relumbraba la tarde
en el morado cielo, y se acababa el día.
En menos de un segundo tales sueños se me desbalataron, igual que tejas viejas,
pero no me importó. Desportilladas como esa jarra que usamos a diario
la estrella titilan. La interperie es un templo aún mejor, y doy las gracias.
Come undone. Mark Lanegan & Isobel Campell