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martes, 6 de septiembre de 2011

Venecia



Esta semana, Centro del Mirar dedicará igual que la semana pasada, a las grandes ciudades, en recuerdo del atentado del 11-S que casi terminó con 3000 vidas humanas.



No he encontrado ninguna canción ( por más que he buscado) de Venecia, o de la ciudad en sí, pero si poemas, y dejo este que es el que más me gustó.



Espero que también os guste.



En memoria de todos aquellos que sufrieron las graves consecuencias del atentado.









Cómo restallan:



látigos de cometas en el cielo.



Y, sin embargo,



qué oscuro está aquí todo,



y qué inmensa penumbra



tiende en capa de armiño



el polichinela



que dirige el teatro de la noche nevada.






Qué sólida tiniebla,



que nada deja ver para que oigamos



a las aguas lamer la piedra verde



que se convierte en fango, como el tiempo.






Canción: Apareces tú. La oreja de Van Gogh. Guapa.



domingo, 14 de agosto de 2011

Ciudad sin sueño



No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.



No duerme nadie.



Las criaturas de la luna huelen y rondan las cabañas.



Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan



y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas



al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.






No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.



No duerme nadie.



Hay un muerto en el cementerio más lejano



que se queja tres años



porque tiene un paisaje seco en la rodilla



y el niño que enterraron esta mañana lloraba



tanto que hubo que llamar a los perros para que callase.






No es sueño la vida. ¡Alerta!¡Alerta!¡Alerta!



Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda



o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.



Pero no hay olvido ni sueño:



carne viva. Los besos atan las bocas en una maraña de venas recientes



y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso



y el que teme la muerte la llevará sobre los hombros.






Un día



los caballos vivirán en las tabernas



y las hormigas furiosas



atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.



Otro día



veremos la resurreción de las mariposas disecadas



y aun andando por un paisaje de esponjas grises y bancos mudos



veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.






¡Alerta!¡Alerta!¡Alerta!



a los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,



a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente



o a aquel muerto que ya no tiene más que cabeza y zapato,



hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,



donde espera la dentadura del oso,



donde espera momificada la mano del niño



y al pie el camello se eriza con un violento escalofrío azul.






No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.



No duerme nadie.



Pero si alguien cierra los ojos



¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!



Haya un panorama de ojos abiertos



y amargas llagas encendidas.



No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.



Ya lo he dicho.



No duerme nadie.






Pero si alguien por la noche tiene exceso de musgo en las sienes,



abrid los escotillones para que vea bajo la luna



las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.






Rosa de la paz. Amaral.