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Centro del mirar es un blog de poesía dedicado a fans del arte de la poesía y cuya motivación de paso a los más creativos.

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domingo, 20 de enero de 2013

Ni tiro, ni veneno, ni navaja

Maravillosos los poemas de Gloria Fuertes, que desde pequeña me han cautivado, le robaba los libros a mis padres que tenían de la poeta madrileña, este libro publicado el año pasado recoge los últimos poemas escritos por la poeta, espero que os guste.

Sociedad de amigos y protectores: 
Sociedad de amigos y protectores de Espectros, Fantasmas y Trasgos.
Muy señores suyos:
tengo el disgusto de comunicarles,
que tengo en mi casa y a su disposición
un fantasma pequeño
de unos dos muertos de mi edad
que habla polaco y dice ser el espiritu de Gengis Kan.

Viste sábana blanca de pesca
con matrícula de Uranio
y lleva un siete en el dobladillo
que me da miedo zurcírselo
porque no se está quieto.

Aparece al atardecer,
o de mañana si el día está nublado
y por las noches cabalga por mis hombros
o se mete en mi cabeza a machacar nueces.
Con mi perro se lleva a matar
y a mí me está destrozando los nervios.
Dice que no se va porque no le da la gana.

Todos los días hace que se me vaya la leche,
me esconde el cepillo, la paz y las tijeras;
si alguna vez tengo la suerte
de coinciliar el sueño,
ulula desgatiñándose por el desván.

Ruego a Ustedes manden lo que tengan que mandar.
Y se lleven de mi honesto pisito
a dicho ente,
antes de que le coja cariño.


-Loose your self. Eminem.

sábado, 5 de enero de 2013

lunes, 31 de diciembre de 2012

sábado, 1 de diciembre de 2012

Señal. Raúl Vacas.

Miles de señales, miles de poemas preciosos, que se recogen en este libro de mi coordinador de poesía y fiel amigo desde los 14 años.
Espero que os guste el libro.


Duermen las moscas en los prados verdes
sobre las heces tristes de las vacas.
Las margaritas sueñan indecisas
con las abejas dulces y el membrillo.


Cosen las golondrinas en el aire
la telaraña oculta del amor.
Tendidas a secar están las prendas
íntimas, el musgo del invierno,

el chándal rojo del espantapájaros.
Ríe en lo alto el sol y abre su yema
de infinitos ríos. Pasan despacio,

como ovejas muertas, las nubes blancas.
Fui tan feliz aquella primavera
que casi se extinguieron las perdices.


Déjame inseminar nuestro pasado,
desenvolver el nudo de tu beso,
llorar con el taxímetro apagado,
doblar tu camisón, salir ileso

de tu cama, morir incinerado
en la bañera, alborotar tu sexo
una vez más, firmar el atestado
de mi muerte, volar con sobrepeso

al fondo de la tierra.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Quietud

Esta semana Centro del mirar os acompaña a un viaje, un viaje realizado por uno de los maravillosos poemas del primer libro de Sergio Fernández Salvador, leonés.
Espero que os guste.

Los restos de la hoguera

El autobús negaba
una y otra vez el horizonte.
Turistas del instituto con el balón a cuestas,
entregados de pronto al breve hechizo
de una luz diferente, promisor
nos seducía el sedicioso lance
de sabernos apenas en un lugar del sur.

Una mano invisible, amor de Madre,
como quien siembra grano iba esparciendo
su puñado de estrellas en lo alto. Venteando
el salitre al amparo de las dunas,
en la tienda escuchábamos, amigo,
sweet child o `mine. Y entonces,
oro y sombra, ahí estaban.

                                               Palabras para qué
si saltamos la verja y afrontamos
el reclamo salvaje de ese mar presentido,
y el corazón que ardía, que se helaba
en cada acusación escandalosa
del faro impertinente.
Luego nos separamos cada uno con la suya
y fue estrenar un mundo
aquel desabrochar arduos botones,
el intrincado enganche del sostén,
y por fin el temblor
de una piel que se sabe nacida en otra piel,
humedades salobres, labios para aprender.

Maga noche de ronda que convoca
esta otra en que borracho de nostalgia codicio
la lucidez precaria del poema,
enconada memoria que remueve
el rescoldo humeante del recuerdo,
como si así pudiera
-ay- volver a ser fuego la ceniza.

- Hamish Lang. Guardian. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

El otoño

Por Juan Carlos Mestre
Esta semana Centro del mirar, abre sus puertas a un libro fantástico que recoge poemas de diferentes autores, y que incluye un CD donde se pueden escuchar los poemas recitados por los propios autores, espero que os guste y feliz semana.


Lloro ángel mío como un caballo joven que huye de su sombra, lloro bajo el palio púrpura de la núbil inocencia, también por los sueños que no tuve y que ya nunca sabré, porque todo se ha envanecido y me cavila y lo divulgo, lloro sobre esta época y su dulcedumbre pero tú no me escuchas, pero tú no me habrás olvidado ungida por lo dócil y el enfímero esmero de las giganteas fragantes.

El que llora, el arrobado de juglaría y el que canta para ti epinicios de oro, es que pláceme cumplirte y sonar el cálamo y obedecerte fiebre mía, luz poderosa de un río vocal donde acude mi corazón como balando.

Malva es entre las tumbas, hierba de los campos de Arganza el que aquí ha llorado buido por las lágrimas y es celoso con la tierra que pisa, el rozado por la desventura y el invadido por el relámpago y aquel que bajo un panamá de nieve se amarillea y despierto en medio día se leja de ti y ya es difunto porque no ha de morirse aunque aletee, aunque recorra el mundo empapado por tu ceniza y goce y no prefiera.

Lloro por el replandor y los geómetras y por los astros que caen de mis ojos como semillas o yámbicos y lo que dicta el azogue.

Cúmplase que he vuelto, aquel que acude a su videncia porque escrito está, porque en lo aullado da su inicio de fragancia.

De Afonía del otoño en el Valle del Bierzo.

http://www.youtube.com/watch?v=d-ugNIDu7lA



domingo, 14 de octubre de 2012

El jardín navegable

Rosana Acquaroni escribió este libro cuando se murió su padre, engloba una serie de poemas fantásticos y llenos de delicadeza, ternura y belleza.

Feliz semana.


De camino, quise retrasar la tristeza.

Para entonces
el jardín  se extinguía
sobre un rescoldo seco de puñales.

No quedaban palabras.
No quedaban peldaños.

Sólo un final de lluvia tiritaba
en la trinchera de la sangre,
sobre un precipicio de cantinas.

Era
la estación terminal de la niñez.